jueves, 30 de junio de 2016

La prostitución como supuesto servicio imprescindible para los ancianos


Carta de una puta a un putero, Hegele Recíen (Las Desclasadas)



Así como defiendes el «derecho» de los hombres a obtener placer sexual, ¿también estás dispuesto a defender el mismo derecho para las ancianas y las mujeres solas y viudas? ¿Tu defensa de ese supuesto derecho se limita a defenderlo con palabras o lo llevas también a la práctica y te haces puto para satisfacer a esos hombres y mujeres?Porque si tanto te apena la «soledad sexual» no dudarás en ayudar a esas personas con sexo oral, ¿no? Y si es un trabajo como cualquier otro, cuando necesites dinero «rápido y fácil» serás el primero en buscar trabajo en un puticlub, ¿verdad?

Lo que defiendas para un sexo defiéndelo también para el otro, y lo que quieres implantar como trabajo, deséalo también como TU trabajo. Si es tan normal ser puta y querer una felación en la ancianidad, igual de normal será «trabajar» como puto y que una anciana quiera un cunnilingus. Deduzco entonces que también será para ti algo normal (y que no dudarías en hacer y fomentar entre los demás hombres) el satisfacer a las mujeres octogenarias deseosas de que tu lengua acaricie sus clítoris. Con ancianas no me refiero sólo a tu vecina, sino también a tu abuela, pues, según dices, los «trabajos sexuales» son lo mismo que los trabajos domésticos y de cuidados, luego acompañar a alguien, tomarle de las manos, escucharle hablar, servirle la comida, etc., son lo mismo que una relación sexual. Por lo tanto, así como conversas con ella, la abrazas y le haces la comida, o sea, así como realizas el trabajo de los cuidados, no tendrás ningún inconveniente en realizar el «trabajo sexual», porque también el placer sexual es, para ti, una necesidad básica. Y tú nunca «demonizarías la prostitución desde la moral», porque no eres «puritano» ni estás alienado por la «moral judeocristiana».


miércoles, 29 de junio de 2016

«Los puteros pueden identificar víctimas de trata»


Carta de una puta a un putero, Hegele Recíen

¡Qué grandes personas esos puteros que vais de putas para identificar víctimas de trata! Claro, y ya de paso, penetráis analmente a alguna, así aprovecháis el viaje. ¿Eres menos violador de los derechos humanos, tú, un putero que compra mujeres, sólo por el hecho de haber identificado a una víctima? Precisamente esa mujer es víctima de trata porque tú vas de putas. Si no lo hicieses, las mujeres no serían secuestradas y prostituidas. Parece que ahora también existen los puteros a los que hay que considerar salvadores, defensores de la igualdad y de la justicia. ¿Qué estás haciendo en un puticlub entonces si tan defensor eres de la igualdad y de la justicia? Vas a hacer lo mismo que cualquier otro putero: obtener placer sexual a través del cuerpo de una mujer que no te desea.
Das por hecho que tu necesidad de meter el pene en cualquier orificio femenino está antes que cualquier cosa. ¿Eso te parece justicia e igualdad? ¿Que tú mandes sobre el cuerpo de una persona? Por supuesto, y si, después, unas mafias se meten, ¡ay!, eso ya no es culpa tuya. Sabiendo que hay riesgo (y muy elevado) de que la mujer a la que compras sea obligada, ¿aún te atreves a ir? ¿De verdad que es tan necesario que eyacules sobre una de nosotras para que eso pueda más que cualquier cosa?
Si yo tuviese la sospecha de que, por ejemplo, en un bar trabaja gente secuestrada, amenazan a su familia para que no huya, la drogan, la violan o la golpean, no iría, al igual que no iría a ningún bar si supiese que la mayoría de las personas empleadas en ellos son raptadas y explotadas, porque mi necesidad de ocio, ante esa realidad, puede perfectamente ser controlada por mi racionalidad y porque puedo ir a beber a mi casa (y tú puedes masturbarte en la tuya). Si yo puedo controlar mi necesidad de beber, la cual me puede llevar a la muerte si no la satisfago, tú también puedes perfectamente controlar tu «necesidad» de eyacular dentro del cuerpo de una mujer, «necesidad» que nunca te llevará a la tumba.
Y todavía preguntas a la sociedad cómo se van a reconocer las víctimas de trata si no hay puteros. Pues muy sencillo: si no hay puteros no hay prostitución, y, por ende, tampoco víctimas de trata, así que no es necesario reconocerlas porque no existirán. La pregunta, más bien, es: ¿cómo NO va a haber victimas de trata SI HAY puteros? Ninguna mafia secuestraría mujeres si supiese que nadie las va a comprar.


lunes, 20 de junio de 2016

Publicidad sexista y pornografía

Paula Hernandes


El Observatorio de la Imagen del Instituto de la Mujer afirma que un anuncio sexista es, entre otras cosas, aquel que «utiliza a la mujer y su cuerpo reducido exclusivamente a un mero objeto sexual, pasivo y al servicio de la sexualidad y los deseos del hombre». Gracias a esta definición, lógica para cualquier persona, podemos saber cuándo estamos ante una imagen machista, y no sólo eso, sino que cualquier idea, comportamiento o lugar sexista serán también reconocibles.

El Observatorio no ha hecho nada más que aplicar a la publicidad lo que el machismo es, o sea, si es rebajar a la mujer a un objeto pasivo al servicio del hombre, lógicamente, un anuncio sexista será aquel que muestre a la mujer como un objeto pasivo al servicio del hombre. Por lo tanto, el machismo tiene esa definición y va a seguir siendo machismo en la publicidad, en el trabajo, en el hogar o en cualquier otra parte siempre que rebaje a la mujer a un objeto pasivo al servicio del hombre. Así sucede en otros ámbitos, como la pornografía y la prostitución, palabras que pueden sustituir a «anuncio sexista» en la definición dada por el Observatorio, adecuándose perfectamente a ella.



Sin embargo, hay quien niega el machismo de la pornografía y de la prostitución. Alegan que es una cuestión de interpretación. En este caso surge un problema, si todo es una cuestión de interpretación, ¿cómo podemos establecer una definición única de machismo si las perspectivas pueden ser tantas como personas? Si no se establece una, ¿cómo podemos identificarlo para erradicarlo? Si un anuncio es denunciado por machista, ¿cómo podemos negar que la pornografía lo es cuando emite las mismas imágenes e ideas de la publicidad?



Para solucionar este problema de la interpretación nos remitiremos a la propia publicidad. Suponemos que nadie dudará de la definición del Observatorio ni de las denuncias que se han hecho a algunos anuncios por mostrar imágenes machistas. Estos mismos anuncios acompañarán nuestras palabras e ilustrarán los contenidos de los vídeos pornográficos que mencionaremos.




El machismo remite al mismo punto: a la dominación, a saber que las mujeres están a disposición de los hombres y que ellos las van a «follar». De ahí el vocabulario que se emplea en la pornografía, mostrando a la mujer como un cuerpo «follado», «reventado», «eyaculado». Precisamente, la pornografía significa «descripción de la prostituta» y por eso les gusta a los hombres machistas, porque satisfacen mediante esas imágenes la necesidad que tienen de ese sexo animal e impersonal, fruto de su sexualidad disociada.



El sexo es el lugar básico desde el que los hombres machistas ejercen su dominio sobre las mujeres. Las expresiones hablan claramente del lugar de inferioridad y de dominadas que ocupan ellas. Todas demuestran que es el hombre el que decide («Me la voy a tirar»), el que lleva la iniciativa («Me la follaría») o el que la ha llevado («Me la follé»), el que maneja a la mujer («La pondría a cuatro patas»). La pornografía también presenta a la mujer como pasiva: «Rubia follada», «Follando a una dominicana».


Su condición de un simple objeto y cuerpo para deleite de los hombres se recoge en las frases en las que se hace alusión a ellas según su cuerpo o nacionalidad: «Tetuda follada», «Follando a una rubia», «Estrenando a una rumana». Es lo mismo que el Observatorio de la Imagen ha denunciado en la publicidad: mujer como objeto pasivo al servicio del hombre.



Los anuncios de los puticlubs también hacen alusión a la nacionalidad, color de cabello, edad, etc., porque a los puteros les encanta saber que se van a encontrar una «jovencita», «rubia de veinte años», «bombón cubano». Para el machismo las mujeres sólo son objetos, no personas, por eso no importa cómo se llamen, qué piensen o cuáles sean sus intereses, lo que importa es que el hombre «folle» el cuerpo que más le excite. El cuerpo de la mujer es el que la define y a un simple cuerpo con el que copular es rebajada (rubia, pelirroja, tetuda, coñito peludo), o a su lugar de procedencia, ya que como objetos que son, a los machistas les gusta probar y catar objetos exóticos.


De hecho, la mujer nunca aparece como una persona, sino como un cuerpo (al igual que en la publicidad) en los que desahogar la necesidad de sexo impersonal que tiene el hombre machista. Sólo con un cuerpo sin humanidad, con un objeto, con alguien sucio e inferior, se puede satisfacer esa necesidad de sexo animal.


Las mujeres en la pornografía son, al igual que las putas, objetos sexuales. Los hombres se convierten en puteros para poder hacer realidad todo eso que ven en la pornografía, quieren ser esos actores que «se follan» un cuerpo femenino, quieren «follarse» a una mujer, quieren disfrutar del placer que les causa el ver a una «rubia/veinteañera/ecuatoriana siendo follada».



La pornografía de Torbe, obviamente, recoge todo este machismo. Y, como toda pornografía, muestra las mismas imágenes que la publicidad sexista. Ésta es denunciada por la imagen que da de la mujer, por el impacto que puede tener en los y las adolescentes. ¿Qué impacto puede tener entonces en ellos/as la pornografía, precisamente el lugar al que acuden en busca de respuestas y que muestra lo mismo que esa publicidad?

Tanto la publicidad machista como la pornografía, enseñan a un adolescente que la mujer está en un nivel inferior y que su cuerpo es un objeto sexual y bello para su deleite, como reflejan las imágenes publicitarias. Por su parte, una adolescente, asumirá que ese es el lugar que le corresponde como mujer y que su cuerpo tiene ese destino y uso.



En uno de los vídeos de Torbe aparecen varios hombres desnudos o semidesnudos y una mujer.


Los hombres disfrutan abusando del cuerpo de ella, lo golpean, lo manosean, le escupen, lo tratan como un objeto sólo útil para que les proporcione placer. Uno de ellos le da una bofetada en la cara y después en el pecho, para, a continuación volver a golpearla repetidas veces. Por momentos ella parece querer gritar, llorar, huir..., pero también parece querer disimular, lo que no es capaz de conseguir del todo cuando le dan bofetadas, momento en el que se nota cómo se siente humillada y herida.



La agarran del pelo y de la cabeza para introducirle el pene en la boca a pesar de ver cómo se está asfixiando. No les importa, mantienen su cabeza sujeta para que el pene siga ahí durante unos instantes. Todos se muestran complacidos y se tocan porque ¡les excita esa escena! La colocan a cuatro patas para que la cámara grabe su ano y uno de los hombres mete sus dedos en él, abriéndolo mientras Torbe acerca la cámara. Manosean y humillan su cuerpo desde el principio hasta el final.



Los vídeos de Torbe son los mismos antes y después de que él fuese acusado de obligar, supuestamente, a mujeres a participar en ellos. Pero es ahora, tras hablarse de delitos, cuando la visión de esos vídeos despierta indignación. ¿Qué ha cambiado? Que se ha sabido que esas mujeres eran, supuestamente obligadas. Es decir, la gente veía esos vídeos (o cualquier otro con un contenido similar) complacida o indiferente. Entraba en internet a propósito para verlos o simplemente los ignoraba si aparecían en alguna página que estaba visitando. Se reconoce la aberración de esas imágenes cuando se descubre que las mujeres que aparecen podrían haber sido obligadas, pero, mientras no se tiene conocimiento de ello, la gente sigue aplaudiendo la pornografía, buscándola, excitándose con lo que contiene, ignorándola como quien ignora un molesto anuncio publicitario, es decir, tomándola como algo natural sin ver su carácter machista y aberrante.



Muchas personas hablan de la indignación que les han causado los vídeos de Torbe por considerarlos humillantes para la mujer que participaba y para el resto de mujeres por la imagen que ofrecen de ellas. ¿Por qué no sucede lo mismo con toda la pornografía en general? No hay ninguna diferencia entre lo que hay en esos vídeos y en el resto. ¿Acaso no están humillando a la mujer todos los bukakes, manoseos, títulos de «le revientan el culo» de todos los demás vídeos pornográficos que existen? ¿Qué diferencia hay? Es más, ¿qué diferencia hay entre un hombre que ve un vídeo pornográfico de un bukake acompañado de una «reventada de culo» grabado por alguien que ha obligado a la mujer a hacerlo y un hombre que ve un vídeo pornográfico igual pero cuyo director no ha obligado a una mujer o no se ha descubierto que la ha obligado?



No hay ninguna, ese hombre quiere ver cómo le «revientan el culo» a una mujer. Sus deseos de ver a una mujer humillada y su excitación ante eso son los mismos, su machismo es igual, sólo que uno de esos hombres casualmente ha visto un vídeo de un director que ha sido detenido y otro ha llegado justo al de otro director que no ha obligado a ninguna mujer a rodar esas escenas o que no ha sido descubierto por haberla obligado. Pero, lo que el público está buscando es lo mismo: machismo, dominación, humillación, sexo que satisfaga su sexualidad disociada.



¿Siguen sin tener responsabilidad ni culpa de nada aun cuando ellos ven esas imágenes porque les excita ver cómo humillan y dominan a las mujeres? ¿Sólo la tiene cuando se detiene a quien las grabó por haber obligado a una mujer a rodarlas? Y si nunca se descubre eso, ¿el público sigue sin tener culpa de nada? Esa responsabilidad y culpa serían entonces muy azarosas. Si se graban esas escenas es porque se permiten y porque el público las ve. Todo ello conduce a que nunca se detenga ese círculo: el hombre se excita ante imágenes vejatorias para la mujer; entonces la pornografía incluye más imágenes de ese tipo para satisfacer esa demanda; la sexualidad de los adolescentes que buscan respuestas a sus preguntas sobre sexo se empieza a deformar hacia el machismo, mientras que la de los hombres adultos se reafirma en él.


En los dos casos necesitan más escenas impactantes, así que la pornografía sigue degenerando. Ningún hombre precisa ver y experimentar un sexo tan machista, denigrante y deformado, y que no lo va a satisfacer en absoluto, sino que lo va a pervertir más, y va a reforzar y seguir perpetuando el machismo y su visión anormal de la sexualidad.



¿Qué clase de ser humano puede gozar viendo tales aberraciones? ¿Cómo pueden reproducir vídeos cuyos títulos son: «Rubia follada por tres pollas», «Culo reventado», «Metiéndosela hasta el fondo a ecuatoriana tetuda», «Manipulando a chica japonesa», «Muñeca rusa follada con los dedos y la polla», «Penetrando el coño peludo de guapísima jovencita», «Española se come dos pollas», «Pelirroja es follada duramente», «Corrida dentro del coño de estudiante»?


¿Qué clase de persona puede acudir una y otra vez a la pornografía sabiendo que es eso lo que se va a encontrar? Si un hombre no supiese qué es la pornografía podría alguna vez buscar un vídeo, pero, en cuanto viese qué es lo que contienen, dejaría de verlos, a no ser que buscase precisamente excitarse con abusos y vejaciones, a no ser que crea que eso es sexo y que a la mujer le gusta que la humillen. ¿Quién puede ver una y otra vez esa clase de imágenes? ¿Alguien se imagina a una persona sintiendo excitación ante la humillación y cosificación de una persona negra?


¿Alguien se imagina que existiese un tipo de cine en el que la comunidad negra es vejada en todas las películas y que, a pesar de tal aberración, se mantenga porque al público blanco le excita? Sería sospechoso que el cine emitiese tantas películas racistas. Una cosa es mostrar cómo el racismo ha sido, desgraciadamente, parte de la historia y otra muy distinta continuarlo y crear películas, que no muestran esa realidad como forma de denuncia, sino que son en sí racistas porque el público disfruta con esas humillaciones.




Quien ve pornografía sólo quiere ver tetudas, rubias, ecuatorianas, rusas, chochitos mojados, culos reventados, follándolas muy duro... Quiere ver miles de cuerpos de mujeres follados, eyaculados, dominados... ¿A alguien le puede parecer esto algo sano? ¿Alguien cree que una persona que, supuestamente, necesita más sexo que otra querría ver precisamente estas salvajadas y cosificaciones? Un ser humano desea sexo con otro ser humano, no con un cuerpo dominado y vejado, no con un culo, un chochito y unas tetas; ni mucho menos desea reventar el cuerpo de otro ser humano o se excita sólo ante la idea. Sólo un hombre enfermo de machismo puede excitarse ante títulos que hablan de esa manera del sexo y del cuerpo de la mujer.



Si la gente siente asco al saber que hay hombres que disfrutaban viendo los bukakes grabados por Torbe, ¿va a pensar que son menos misóginos y asquerosos por ver esos mismos bukakes pero protagonizados por mujeres que dicen hacerlo porque quieren? La imagen que se está enviando de la mujer desde la pornografía es la misma, porque la ideología machista y la sexualidad depravada y deformada del hombre que la ve también es la misma.


Algunos hombres se intentan disculpar alegando que ven pornografía porque creen que las mujeres disfrutan en los bukakes o siendo golpeadas. Es completamente inverosímil que todas disfruten de esa manera, al igual que es inverosímil no ser consciente de qué clase de imagen sobre la sexualidad y la mujer se está perpetuando.


Esa es una idea que viene de antiguo, precisamente de cuando se restaba gravedad a los malos tratos de un marido diciendo que el hombre estaba satisfaciendo la necesidad que la mujer tenía de sufrir cuando la golpeaba. En esa línea va esa excusa estúpida de «Es que yo creía que les gustaba». Pues bien, aun creyendo que a ellas les gusta o aun ignorando que son obligadas, ¿quita eso el hecho real e indiscutible de que los hombres buscan pornografía donde se humilla a la mujer? ¿Quita eso que los hombres se excitan viendo a otros hombres golpear a mujeres, eyaculando en sus caras o, como en el vídeo de Torbe, colocándose de pie mientras ella está acostada y penetrándolas por la boca causando casi su asfixia?


Nada justifica que un hombre esté buscando vídeos pornográficos donde sabe perfectamente que la mujer está siendo vejada. Indiferentemente de que a la mujer, supuestamente, le guste que la golpeen, los hombres se excitan viendo cómo la penetran con violencia, la «follan» y dominan, y leyendo títulos de culos reventados.




¿Y si ahora las mujeres nos pusiésemos a ver vídeos de hombres humillados? ¿Y si nos excitásemos viendo cómo dos, tres, cinco, catorce mujeres golpean el pene de un hombre, eyaculan u orinan en su cara, introducen sus dedos en su ano estirándoselo, le escupen, buscan continuamente vídeos titulados: «bombón cubano», «rubio follado por tres coños», «manipulando a chico japonés», «muñeco ruso follado con los dedos y el coño», «pelirrojo es follado duramente», «español se come dos coños», «reventando el culo de un ecuatoriano», «follando una polla peluda», «estrenando a un rumano», «veinteañero con pollita pequeña»? ¿Cuántos vídeos de ese tipo hay? Ninguno, porque está claro que la pornografía es sólo una deformación de la sexualidad del hombre y que está orientada a adoctrinarlos en el machismo y a reforzar la misoginia en quien ya ha sido adoctrinado.



miércoles, 8 de junio de 2016

Incompatibilidad de la prostitución como trabajo y el Código Penal




Carta de una puta a un putero, Hegele Recíen

Si defiendes la prostitución como un trabajo normal es evidente que defenderás también incluirla en el sistema educativo. Sólo así se podrá evitar su marginalización, se naturalizará y se conseguirá formar a grandes profesionales. Entonces, ya cualquiera (como las niñas) podría recibir una educación «prostitucional» y ejercerla. Sin embargo, eso contradice el Código Penal y llevaría a ciertas situaciones que podrían ser calificadas de delito o que implicarían un problema a la hora de protegerlas.

«De las agresiones sexuales
Artículo 178 
El que atentare contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación, será castigado como responsable de agresión sexual con la pena de prisión de uno a cinco años».

¿Se entendería por delito lo que hace el profesorado cuando imparte las asignaturas necesarias para la carrera profesional de puta? Si hay que hacer una excepción, ¿cómo se reconocería un verdadero caso de agresión o abuso sexual? Porque si imparte una asignatura sobre prostitución, ¿cómo diferenciar si están simplemente enseñando o agrediendo sexualmente a las niñas que quieren ser futuras putas?


«Artículo 179 
Cuando la agresión sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado como reo de violación con la pena de prisión de seis a 12 años».

¿Cómo sería posible enseñar la prostitución si no se puede hacer lo que este artículo dice? Como bien sabes, la prostitución consiste en hacer todo eso. ¿No se trataría de un delito si el profesorado penetrase a una alumna o introdujese objetos en su cuerpo por estar enseñando lo necesario para su futuro trabajo?


«Artículo 180
1.ª Cuando la violencia o intimidación ejercidas revistan un carácter particularmente degradante o vejatorio».
La prostitución misma reviste un carácter degradante y vejatorio, ¿sería un delito impartirla como asignatura?
«2.ª Cuando los hechos se cometan por la actuación conjunta de dos o más personas».
Entonces no podría enseñarse las nociones básicas para aprender a hacer una orgía.


« De los abusos sexuales
Artículo 181 
1. El que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona, será castigado, como responsable de abuso sexual, con la pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses.
3. La misma pena se impondrá cuando el consentimiento se obtenga prevaliéndose el responsable de una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad de la víctima».

Este artículo es especialmente perjudicial para la enseñanza de la prostitución. Si la alumna un día no quiere hacer prácticas o algún ejercicio y el profesorado la obliga o la amenaza con suspenderla, ¿sería un delito? El profesorado estará en una situación de superioridad que coarta la libertad de la niña, ya que tiene ese poder de suspenderla.
Al tratarse de una profesión donde el sexo es protagonista, la simple enseñanza o dedicación a ella puede suponer un atentado contra la libertad o indemnidad sexual en el momento en el que la niña o puta no deseen hacer algo. Eso no sucedería con una profesora, cuyo trabajo no compromete su intimidad ni sexualidad, pero en la prostitución sí porque no da espacio para la privacidad ni lo personal. Los delitos y las violaciones serían constantes. Una ingeniera puede un día no desear ir al trabajo, y no pasa nada, pero si la puta no quiere ir al trabajo y un putero la penetra la estaría violando, al igual que si una niña que estudia prostitución no quiere hacer un trabajo y se la obliga.


«CAPÍTULO II bis
Artículo 183 bis 
El que, con fines sexuales, determine a un menor de dieciséis años a participar en un comportamiento de naturaleza sexual, o le haga presenciar actos de carácter sexual, aunque el autor no participe en ellos, será castigado con una pena de prisión de seis meses a dos años».

A priori la propia enseñanza de la prostitución estaría penalizada según este artículo: el profesorado determinando a una menor de dieciséis años a participar en un comportamiento de naturaleza sexual, o haciéndole presenciar actos de carácter sexual, participando o no en ellos, cuando, por ejemplo, le muestra fotografías o un documental, incluso si se organiza una charla sobre prostitución. Sólo la salvaría el matiz de “con fines sexuales”, porque podría alegarse que el fin de todo eso no es sexual, sino meramente educativo, para formar a grandes profesionales de la prostitución, pero entonces volvería a plantearse el problema de cómo reconocer un delito de agresión o abuso.


«Artículo 183 ter 
1. El que a través de internet, del teléfono o de cualquier otra tecnología de la información y la comunicación contacte con un menor de dieciséis años y proponga concertar un encuentro con el mismo a fin de cometer cualquiera de los delitos descritos en los artículos 183 y 189 (...)».

Habiendo leído esto podrías perfectamente denunciar al propio Código Penal por incluir este artículo que atenta contra el derecho a recibir una educación adecuada para formarse y trabajar en algo tan «digno» como la prostitución. En primer lugar, impide crear e impartir cursos de prostitución a distancia y/o enviar apuntes o material sobre felaciones, sexo anal o cualquier otra práctica sexual estudiada en las clases a través de internet, del teléfono o de cualquier otra tecnología de la información y la comunicación.
Si un día se cambiase el horario de una asignatura y el profesorado que es ¡súper enrollado! enviase mediante un mensaje de texto el aviso para impartir la clase de felaciones otro día, ¿podría considerarse un encuentro de esos sancionados en los artículos 183 y 189? Y si se impartiesen clases particulares de prostitución y un profesor o profesora concertase un encuentro con el alumnado, ¿también sería un delito por ser el fin de ese encuentro aprender a hacer felaciones? No habría manera de aprender la carrera de puta, ni en un colegio, ni en un instituto, nin en la universidad, ni mediante clases particulares, ni a distancia, ni de forma presencial.


«De los delitos relativos a la prostitución y a la explotación sexual y corrupción de menores
Artículo 188 
1. El que induzca, promueva, favorezca o facilite la prostitución de un menor de edad o una persona con discapacidad necesitada de especial protección, o se lucre con ello, o explote de algún otro modo a un menor (...)».

Y si el anterior artículo atentaba contra la enseñanza de la prostitución, este, directamente, atenta contra la propia prostitución. ¿Enseñar a ser puta a una niña o menor de edad podría considerarse, por parte del profesorado —o del padre y madre que apoyan y animan muchísimo a su hija en su vocación— inducir, promover, favorecer o facilitar la prostitución?


Con todo esto, me pregunto cómo es posible que exista un trabajo con el que haya que tener tanto cuidado a la hora de enseñarlo y de aprenderlo, que puede entrar en contradicción con las propias leyes de un Estado o que dificulte y obstaculice la detección de delitos (como las agresiones o abusos sexuales). Todo lo que se hace en la prostitución y la prostitución misma pueden constituir un delito y una violación de las leyes. En ninguna parte se recoge que lo que se realiza en la fontanería, por ejemplo, entrañe daños morales o sexuales ni atente contra alguien por realizarlo, aun en contra de su voluntad. En cambio, con la prostitución sí puede suceder todo eso.
¿En qué punto está la diferencia entre un delito —abuso o agresión sexual, prostitución infantil— contra una menor de edad y una simple práctica o trabajo de clase? En el caso de ser un contrato para la formación y el aprendizaje, ¿cómo podría el Código Penal tener utilidad si un abuso sexual podría ser ocultado o justificado alegando estar realizando un ejercicio más, como quien realiza una operación aritmética en la clase de matemáticas, ejercicio natural y del mismo carácter que esa clase, al igual que el carácter sexual es propio de la clase de prostitución?






https://www.youtube.com/watch?v=pL71OIF1kTQ


"Que esta canción se prenda en el aire hasta que vuelvan todxs. Por todas las víctimas de la trata de personas, por sus cómplices activos/as y para que las sociedades de este mundo dejen de mirar para otro lado", Murga el Remolino.


Infinitamente emotiva, intensa, comprometida y que remueve hasta las entrañas. La esperanza hecha canción, la humanidad en cada gesto y la justicia en cada voz. Palabras que son aliento y ánimo. Que se convierta en un himno de compromiso para las personas que trabajamos cada día por la igualdad y que despierta en los y las indiferentes y culpables la empatía, solidaridad y humanidad que han perdido hace tanto tiempo. 



jueves, 2 de junio de 2016

«Sin la prostitución los hombres violarían»


 Carta de una puta a un putero, Hegele Recíen

Aceptar la prostitución para que los hombres no violéis a las mujeres quiere decir que vosotros sois seres irracionales dominados por vuestro pene. Es curioso que todas las personas hayamos sido socializadas para controlar nuestros instintos (como el hambre) y poder convivir con otros seres humanos sin dañarlos y, sin embargo, vosotros sigáis siendo incapaces de dominaros, teniendo incluso que sacrificar personas para que os desahoguéis sobre ellas e impongáis vuestra voluntad sobre la suya.
La sociedad teme que vuestra supuesta incapacidad de controlaros os lleve a violar a una mujer, entonces decide inventar la prostitución, para que hagáis con las putas eso que no quiere que hagáis con todas las mujeres. Y ese hecho, ese sacrificio de mujeres, pasa a denominarse «mal menor». ¡Un mal menor cuando millones de mujeres y niñas son prostituidas! ¿Cómo va a ser un mal menor si se trata de millones, ¡millones!, de personas? Ni siquiera tratándose de dos mujeres o de dos niñas sería justo. ¿Por qué, si sois incapaces de controlaros hay que crear la figura de una sierva? Si una persona es incapaz de dominar su agresividad y asesina a alguien, en seguida se censura y condena, ¿por qué entonces a un putero, movido por instintos tan animales y primitivos, no sólo no se os cuestiona, sino que se os da un cuerpo sobre el que atentar? Es lo mismo que sucede con los violadores y feminicidas, abusan de todas las mujeres que quieren porque, en su sociedad machista, nadie va a cuestionar su actitud ni, mucho menos, va a hablar sobre los derechos de la mujer a una vida segura y libre.
La sociedad da por normal que, si los puteros no tenéis mujeres para comprar y «desahogaros», las vayáis a buscar donde sea para violarlas y hacer todo lo que no se os permite hacer con las putas. ¿Te imaginas a alguien diciendo que va a agredir a una persona negra si no sacrifican a unas cuantas para que las pueda golpear? ¿Te imaginas que una sociedad inventase como trabajo propio de las personas negras el que una blanca las golpease, para así evitar que no lo hiciese con el resto? Semejante criminal incivilizado sería cuestionado de inmediato, pero como se trata de un hombre machista no se hace nada.
Estás dando por hecho que tú, por ser hombre, eres una bestia, ¿pero qué clase de hombre puede decir eso de sí mismo? ¿Dónde están los demás hombres que deberían sentirse ofendidos al escuchar hablar así de los de su propio sexo? Y hasta te atreves a dar ese ultimátum: «o me dejáis tener putas o violaré mujeres; o sacrificáis a algunas para que sean prostituidas y me corra sobre ellas o lo haré igualmente, pero con todas las mujeres que me encuentre». ¿Cómo es posible que se tenga como algo normal que un hombre necesite copular como una bestia, incluso dañando a otros seres humanos e imponiendo esa necesidad? ¿Por qué nunca se ve cierta anormalidad en tu carácter animalizado?
Llegas incluso a justificarte diciendo que tú tienes unas necesidades sexuales mayores a las de las mujeres. Paradójicamente, esa afirmación te condena, porque estás aceptando que, aunque las mujeres no deseen tener sexo tan a menudo, lo van a tener igual sólo porque tú sí deseas tenerlo. Sí dijeses: «Me masturbo más que la mujer porque tengo más deseo sexual que ella», pues no cometerías ningún delito, pero si dices: «Quiero putas o violo porque tengo más deseo sexual que las mujeres», estás imponiendo tu voluntad y deseos, como los únicos válidos y que deben respetarse, incluso sobre otras personas. Si tus necesidades las satisfaces con y en tu propio cuerpo (con la masturbación, por ejemplo) no dañas a nadie, pero si necesitas a las mujeres para eso, estás imponiendo tus deseos sobre los de ellas, ya que estás utilizando un cuerpo ajeno a ti para satisfacerte, sin que esa persona quiera ni lo necesite tanto como, supuestamente, lo necesitas tú, y eso se llama violación. Queda claro, pues, que la prostitución es una violación, es imponer a las mujeres relaciones que no desean, es subordinarlas y ponerlas a tu disposición.
Se consiente entonces que los puteros abuséis «sólo» de algunas mujeres (o abusáis de algunas o abusáis de todas) y se crea una forma de violar «sólo» a algunas mujeres para que no violéis a todas, se inventa un «oficio» que consiste en que le hagan a algunas lo que no se quiere que se les haga a todas. Para ello, se parte de que algunas mujeres pueden ser sacrificadas, de que no todas tienen que respetarse, y se divide a las mujeres en las que no merecen ser violadas (las decentes) y las que sí (las indecentes), siendo estas últimas las usables, las violables, las que valen tan poco que pueden ser sacrificadas para que tú las uses y dañes a tu antojo. Es por eso que cuando una puta es asesinada se niega que eso sea violencia de género y a nadie le importa ese asesinato. Las putas son mujeres, como todas, sólo que sobre ella, ¡aún por encima!, recae el estigma que tú le pones cuando decides que alguien tiene que servirte sexualmente.
Esa desprecio hacia las putas queda claro: «Sin putas los hombres violarían mujeres», como si las putas no fuesen mujeres. ¿Cómo se las va a proteger si las que se van a tener que prostituir son también mujeres? ¿A quién entonces se quiere defender? Dentro de esa «categoría» de mujeres, la sociedad cree que hay algunas que son «menos mujeres» y cuya suerte poco importa.
¿Y qué criterio se va a seguir a la hora de elegir cuáles serán putas? ¡Oh, claro! Pues el que se está siguiendo ahora: se legaliza o regula la prostitución para que se convierta en un «trabajo como cualquier otro». Entonces, las mujeres prostituidas no pueden salir de ese mundo, porque, si es un trabajo, nadie les va a facilitar ninguna salida, así como nadie se las facilitaría a una profesora para que dejase el mundo de la educación, es absurdo, si ya tiene derechos, salario y protección, ¿para qué iba a querer dejar ese mundo? Y si nadie les facilita una salida a las putas, ellas no pueden, pues recordemos que un 90%, por lo menos, son víctimas de trata y otras muchas son personas sin recursos para poder formarse y trabajar.

Por lo tanto, las putas seguirán siendo aquellas secuestradas por mafias, lo cual implica que tú has elegido cuáles van a ser las sacrificadas por la sociedad, ya que, si esas mujeres y niñas fueron secuestradas, fue precisamente porque a los puteros os gustan unas determinadas mujeres, es decir, pertenecientes a ciertos países, con ciertos rasgos físicos y determinadas edades. También estarían condenadas a la prostitución las mujeres pobres o inmigrantes. Y, con lo que gusta tener el control y obtener placer gracias a la convicción de que eres superior, imagina la situación: tú eres superior porque eres hombre, porque no te han sacrificado, porque no te han secuestrado, porque no eres inmigrante, porque eres el que exige y porque tienes el dinero. Así que, además de conseguir que la sociedad sacrifique mujeres para tu satisfacción, eres tú quien elige quiénes van a ser, de dónde y de qué edad.


miércoles, 1 de junio de 2016

«La prostitución es más digna que limpiar váteres»


«Carta de una puta a un putero», Hegele Recíen.

Según tú, la prostitución es mejor que otros oficios como limpiar váteres. Yo, desde luego, no sé cómo tú limpias o has visto limpiar el váter, pero suele hacerse con guantes. Y, precisamente, si la prostitución fuese un trabajo, se utilizarían guantes, así como los utiliza cualquiera que esté en contacto con otro cuerpo humano o con algo (como la comida) que vaya a destinarse a otra persona. En los trabajos hay unas medidas higiénicas (para la persona trabajadora y la clientela) que hay que respetar, por lo que las putas tendrían que llevar (al igual que una médica, una cirujana o una cocinera) guantes, mascarilla, ropa adecuada, etc. Si de verdad fuese un trabajo como cualquier otro, tendrían que ir protegidas, no sólo por fuera (guantes, mascarilla, ropa adecuada), sino también por dentro, para proteger su boca, su ano y su vagina.
A pesar de haberse establecido esas medidas para proteger la salud de las personas, para ti, limpiar váteres con guantes y productos sigue siendo algo denigrante, sucio e indigno. No opinas lo mismo, sin embargo, de tener que hacerte una felación, aguantar que me introduzcas objetos por la vagina o arriesgarme a contagiarme de tus enfermedades. Es mejor que tú me obligues a tragar tu semen y me orines encima que el hecho de trabajar limpiando váteres. Es mejor tener que tocar directamente con mis manos tu pene o tragar y chupar todo lo que me ordenas, a tener que «tocar» indirectamente con escobillas y guantes un retrete, que ni siquiera son las heces en sí, no como en el caso de tu semen u orina. Y digo yo que, si tan repugnante te parece limpiar un váter por poder contener heces, y sobre todo heces de otra persona, ¿cuándo quieres defecar encima de mí no estamos hablando también de tocar heces ajenas? O incluso cuando quieres tener un contacto sexual conmigo, ¿no se trata también de estar en contacto con fluidos y cuerpos de cientos de hombres distintos y desconocidos?
Te produce asco saber que dentro de un inodoro está lo que la gente expulsa de su cuerpo, ¿no es también tu semen, tu orina, tu saliva y tus heces lo que tú expulsas de tu cuerpo? Las putas no podemos ser comparadas a las limpiadoras, porque ellas no tienen que introducirse las heces del retrete en su vagina ni tienen que tragar la orina o el semen, porque ellas no están expuestas sin protección a nada de eso. Más bien compáranos con el inodoro, porque es el que recoge los fluidos y excrementos de quien lo usa y al que nadie protege, ni en su interior ni en su exterior con guantes o mascarillas. Nosotras, al igual que el váter, estamos en contacto directo con cuerpos y fluidos extraños y los recibimos en nuestras entrañas mismas.
Limpiar es mucho más higiénico que ser puta, las putas “hacen su trabajo” con la boca, con su vagina y con su ano. Dime en cuántos trabajos las personas tienen que hacer eso, dime en cuántos trabajos las personas han de introducir dentro de su cuerpo objetos, fluídos u otros cuerpos.

lunes, 30 de mayo de 2016

Problema y contradicción de cuando se defiende la prostitución


Abolir la prostitución, ¿por qué?

«O sistema é unha industria mundial baseada na desigualdade. O corpo das mulleres é reducido a mercancía e accesible por uns cuantos euros».
«Medianoite, xa van catorce clientes aos que non desexo. Para aguantar extraio o meu espírito do corpo e non sinto nada».


«El sistema es una industria mundial basada en la desigualdad. El cuerpo de las mujeres es reducido a mercancía y accesible por unos cuantos euros».
«Medianoche, ya van catorce clientes a los que no deseo. Para aguantar extraigo mi espíritu del cuerpo y no siento nada».


¿Cómo explicar la igualdad existiendo la prostitución?

Píkara Magazine compartió nuestra respuesta a la «Carta abierta al movimiento abolicionista». En el debate originado después, una persona planteó lo siguiente: «Voy caminando con mi hija por el barrio rojo de Ámsterdam y ve prostitutas expuestas en escaparates para que los hombres las calibren, elijan una y paguen por disfrutar de su cuerpo. ¿Cómo le explico la igualdad a partir de esa realidad?». Esta pregunta ya la había formulado en un debate anterior. Nos llamó la atención una respuesta que obtuvo entonces por parte de una persona defensora de la prostitución: que los hombres violentos están en todas partes, no sólo en la prostitución, así que su hija sufrirá esa clase de situaciones en cualquier lugar. Por tanto, le decía, la solución es educarla para que sepa identificarlas y no las deje pasar. Cuando leímos tal cosa, nos acordamos de Soraya Sáenz de Santamaría, en el debate con PSOE, Podemos y Ciudadanos, cuando, sobre la violencia de género, dijo: «Chicas, no aceptéis que os miren el móvil, que os controlen. Nosotras hemos luchado para que las mujeres seamos iguales y no tengamos ese control, no lo consintáis». Es decir, que eso sucede porque sí, no porque exista una estructura de poder que lleve al hombre a tratar de esa manera a las mujeres, por lo tanto la culpa es de ella, y no sólo eso, sino que es también su responsabilidad identificar situaciones violentas y «poner en su sitio» al hombre, o lo que es lo mismo, cuando se encuentre con un hombre violento, ha de censurar su comportamiento, porque eso, sin duda, llevará a que él se excuse de inmediato y reconozca su falta, no volviendo a cometerla nunca: «¡Ay! Disculpa por haberme quitado el preservativo y por no querer usarlo», «¡Ay! Disculpa por haber pensado que tu “no” en realidad quería decir “sí”», «¡Ay! Disculpa por acosarte en la calle desde que cumpliste los once años», «¡Ay! Disculpa por tocar tu cuerpo en los espacios públicos», «¡Ay! Disculpa por haber intentado violarte».
La solución, siguiendo esta lógica, no es erradicar los contextos, ideas o actos que mantengan el machismo (como la prostitución, la masculinidad agresiva o la publicidad sexista), así como tampoco es educar al hombre, sino que la solución es destinar nuestros esfuerzos a decir a las niñas que deben «darse a respetar», «se hagan valer» (¡anda, como nos ha dicho siempre el machismo!). En ellas va a recaer toda la responsabilidad de las situaciones machistas que vivan (¡anda, como ha sucedido siempre con la violación!). Comportarnos de este modo es negar la existencia del sexismo, es restarle importancia y convencer a las niñas de que deben sortear como puedan esas situaciones, no haciendo nada por cambiar la realidad (¡anda, como ha sucedido siempre con los malos tratos en el matrimonio! Hasta los curas decían a las mujeres que debían resignarse y rezar a Dios para que sus esposos cambiasen).
¿De qué sirve que a una niña se le diga que hay hombres violentos? La realidad es que esa violencia deriva del machismo, y eso es lo que habría que cambiar. Tendríamos que educar también a nuestros hijos (por ejemplo, impartiendo en los colegios educación sexual, para que puedan gozar de una sexualidad sana y no putera).
Esa lógica de «educar» a las niñas para que identifiquen situaciones de violencia cae por su propio peso. Se educa para la igualdad, no para la resignación o para la aceptación. ¿De qué sirve, insistimos, en que reconozcan esas situaciones si los hombres no las reconocen? ¿Cómo van a cambiar ellas el mundo si la otra mitad (los hombres) no saben ni el motivo por el que se comportan como lo hacen? Educarlas de esa manera no es educarlas, es, simplemente, enseñarles a sortear las situaciones machistas que se les puedan presentar.
Por otra parte, ¿cómo se podría enseñar a una niña que ella no es inferior al hombre si la realidad muestra lo contrario, si los propios hombres le van a decir siempre que eso no es así, si la propia sociedad se negará a cambiar su forma machista de organizarse? Esa idea de que ella es igual le causaría desconcierto y desorientación, porque esa realidad igualitaria no existe. No sólo hay que enseñarle su valía como ser humano, sino que también hay que hablarle de las estructuras de poder que aún se mantienen y que contradicen esa afirmación feminista. De no ser así, en cuanto saliese de casa, encontrarían que nada se rige por aquello que le han dicho, no sabría dar explicación a las situaciones de desigualdad, ni siquiera las que ella misma podrían sufrir, con lo que posiblemente acabaría por creer que es culpa suya. ¿Cómo va a pensar que es igual a un hombre si la sociedad le repite y enseña (mediante la prostitución por ejemplo) que eso no es así?
El feminismo ha venido a cambiar el mundo, no a poner parches, mucho menos a sustituir al machismo en el «Date a respetar». ¿No se supone que la igualdad no es sólo cosa de mujeres? ¿Dónde queda el hombre? ¿Él no tiene responsabilidad? ¿No habría que también hablarle a la mujer de que la sociedad se organizó sobre una base patriarcal? Si no tenemos en cuenta cosas tan básicas como estas, non vamos a enfrentar el machismo, simplemente vamos a vivir ignorándolo y sorteándolo como mejor podamos.




jueves, 26 de mayo de 2016

(Intento de) breve respuesta a algunos puntos, errados y siempre presentes en las posturas antiabolicionistas, de la «CARTA ABIERTA AL MOVIMIENTO ABOLICIONISTA ANTI-TRABAJO SEXUAL NOSOTRAS NO!»

«Sois capaces de situar el debate en el absurdo, de utilizar las propias instituciones ciudadanas como la Diputación de Barcelona o la FAVB para vuestros intereses».

El abolicionismo estudia la prostitución teniendo en cuenta qué la ha originado o quiénes la hacen posible, tal y como hace el feminismo para analizar cualquier situación. Absurdo es tomar una posición respecto a la prostitución obviando algo tan importante como la figura del putero, lo que es como analizar la violación sin tener en cuenta al violador. Es por eso que consideramos incoherentes e incompletos vuestros razonamientos.

¿Utilizamos instituciones? No os recomiendo situar el debate en este punto, saldríais perdiendo, pues muchos colectivos pro-prostitución están financiados, creados y formados por chulos, mafias, proxenetas y madamas.

«Está claro, sois parte del poder institucional que siempre nos ha negado espacios, voz y capacidad de decisión».

Tenemos nuestra opinión sobre la prostitución y la defendemos. Escuchamos la vuestra, nos parece errónea y lo decimos argumentándoos. Parece que creéis que, por tener algo que rebatiros, os estamos intentando silenciar. ¿Cómo llegar a una solución sin debates ni argumentos?

El poder que niega voz, espacios y decisión a la mujer ha existido siempre y es el machismo. A nosotras/os también nos censura, no hay más que ver los ataques que sufrimos por querer «quitarles las putas a los hombres». El abolicionismo fue defendido, ¡oh, casualidad!, por el movimiento sufragista/feminista. Suecia logró abolir después de que las mujeres tuviesen presencia en la política, ¿también eran ellas parte del poder? Entonces el derecho a voto sería reaccionario. El feminismo está avanzando, por eso nos devuelve nuestros derechos, pero eso no significa que sea parte del poder, sino que lo está cambiando. Lo absurdo de vuestro razonamiento es que si se aceptase la prostitución, ¿habría que decir que vosotras/os también sois parte del poder por haber conseguido lo que defendíais?

«Esta carta no pretende en realidad rebatir los argumentos abolicionistas pero sí poner en cuestión vuestras formas. Sois parte de un feminismo que reniega de su propia capacidad de construir alianzas y relaciones de igualdad entre mujeres, a través de vuestros constantes insultos, de vuestras calumnias, de vuestra violencia».

Bueno, es que apenas nos rebatís, no era necesario que lo explicaseis, no esperaba otra cosa. Ni siquiera habláis de los hombres, ni puteros ni abolicionistas. Os limitáis a decir que las mujeres abolicionistas son puritanas y os critican. Precisamente acabáis de decir que en eso se basa esta carta. ¿Construye alianzas un discurso que va a por nosotras, en vez de debatir nuestros argumentos? ¡Si es que hasta nos escribís cartas con ese único fin! Construir alianzas no implica renunciar a las ideas propias, sino escuchar y aprender. Todas/os podríamos acusarnos de calumnias y violencia. Vuestra postura, por ejemplo, tergiversa lo que decimos, pero yo no voy a recriminaros nada de esa manera, aunque me sienta herida o insultada. No lo voy a hacer, simplemente, ni mucho menos voy a escribir una carta para deciros únicamente que nos insultáis mucho.

«Nos despreciáis llamándonos “carne”, nos acusáis de ser delincuentes, nos convertís en objetos en lugar de reconocernos como sujetos de derecho y reproducís estigma sobre todas las mujeres».

Imaginad qué cara le habrá quedado a las putas abolicionistas que han leído eso. O sea, según vosotras/os, las propias putas dicen que las putas son carne, delincuentes y objetos. ¡Cómo se nota que no tenéis ni idea de lo que es el abolicionismo ni quiénes hablan mediante él!

JAMÁS, leedlo bien: JAMÁS, hemos acusado, estigmatizasdo, ni despreciado de ningún modo a las putas (¡¡si dentro del abolicionismo hay putas y ex putas!!). Nosotras/os analizamos la prostitución desde la pregunta: «¿por qué los hombres compran mujeres?», o desde la frase: «¡Oh! ¡Qué casualidad! ¡Cuántas relaciones hay entre el machismo y la prostitución: objetivización de la mujer y prostitución, pobreza de la mujer y prostitución, puestos de trabajo inaccesibles para las mujeres y prostitución, problemas psicológicos y prostitución!».

Queréis un debate feminista y os ofendéis por, supuestamente, nosotras insultaros, cuando jamás lo hemos hecho. No creemos que «puta» sea un insulto ni una humillación, por eso nunca acudimos a algo tan machista para rebatiros o dirigirnos a vosotras, no nos hace falta, obviamente, somos feministas. Pediríamos que tampoco empleaseis argumentos machistas, como el de que somos mojigatas, simplemente para que seáis coherentes. Ahora bien, si queréis seguir haciéndolo, adelante, disponemos de argumentos suficientes para no rebajarnos a ese nivel y para rebatiros sin llevar el debate, ni siquiera por un momento, a ese punto.

Quienes desprecian a las putas son las personas machistas, entre las que, evidentemente, se encuentran los puteros, esos que originan la trata de niñas y que obviáis en vuestros análisis, o incluso defendéis y cuyas acciones suavizáis. ¡Qué poca presencia y responsabilidad para todo lo que causan!

Si la prostitución es una forma libre de vivir el sexo y de empoderarse, aparecen una contradicción (A) y un problema (B):

(A) El feminismo dice que el hombre NO es una bestia animalizada. Si se libera al hombre de esa idea, dejaría de estar dominado por su pene, luego no compraría mujeres. Entonces, la puta no podría empoderarse sin hombres que la comprasen. ¿Hay que mantener a los hombres en esa esclavitud machista y primitiva para que las compre, sólo porque ellas se quieren «empoderar» prostituyéndose?

(B) El hombre viola porque cree que lo domina su pene, motivo por el que también va de putas, ¿cómo podríamos erradicar la violación si mantenemos la prostitución, y, por ende, el convencimiento de que al hombre lo domina su pene? ¿Deberíamos aceptar la violación como «efecto colateral» de la necesidad de empoderarse de las putas?

Es una historia interminable —y que se os va a ir de las manos—. Pienso que cuando la libertad de una persona implica la esclavitud de otra, esa libertad no es tal, hay que buscar otro camino por el que no se dañe a nadie.

«Sois quienes dais lecciones sobre la vida desde vuestros atriles, vosotras que decís defender a las compañeras trabajadoras del sexo migrantes y a las víctimas de trata, pero os permitís excluirnos, señalarnos y criminalizarnos mientras decís públicamente que queréis “protegernos”».

¿Qué atriles? ¿Os referís a «desde la comodidad de vuestra casa»? Sí, las abolicionistas, ex putas o putas, hablan desde las casas que por fin han conseguido o desde donde se protegen para que no las asesinen por haber escapado y denunciado. Ellas «dan lecciones de vida» al abolicionismo, que las escucha y constituye el altavoz por el que se expresan. Vosotras/os también estaríais entonces excluyéndolas cuando demonizáis su movimiento.

Llamar a las mujeres inmigrantes «trabajadoras del sexo» es una aberración. Son obligadas y víctimas de trata en la mayoría de casos, así que no las bauticéis con ese eufemismo que suaviza la realidad. Si vosotras/os os consideráis tal cosa, os parece un trabajo y pensáis que hacéis un favor a la sociedad, genial, llamaos así, pero no lo hagáis con quien condena y aborrece ese mundo y que para nada tiene esa consideración del mismo ni la comparte.

«Nosotras, las putas feministas y las feministas putas, no tenemos cargos de poder ni amigas poderosas pero estamos empoderadas».

O sea, ¿para estar empoderada hay que tener contactos con el poder? El abolicionismo está formado por putas y ex putas (inmigrantes, negras, pobres, transexuales, etc.), también empoderadas. ¿Decís que no lo están o que no lo pueden estar por «tener poder o amigas poderosas»? ¿Creéis que el abolicionismo lo conforman mujeres ricas y poderosas, clasistas y racistas, que desprecian a las putas? Si así fuese, no querrían abolir, porque cuando se abole las putas dejan de estar estigmatizadas y pueden dejar ese mundo si quieren para trabajar o estudiar, ¡incluso quedar en el país y obtener papeles!, convirtiéndose en mujeres «normales», por lo que no habría mujeres «indecentes» con las que compararse para ellas poder presumir de ser súper decentes.

«Nosotras no somos tan “cultas” pero somos sabias y nos preocupa ser rigurosas, nosotras no somos todas blancas sino somos diversas. Nosotras no necesitamos vuestro paternalismo, necesitamos derechos».

Parte de las mujeres abolicionistas tampoco son o eran cultas. También son de cualquier parte del mundo, obviamente, las víctimas de trata no son españolas precisamente. Ni hablamos por ni somos una minoría, blanca, occidental y con recursos.

¿Os parecen paternalistas las putas que hablan de lo que han vivido, o sólo si defienden la abolición? Según esa lógica: 1) Una mujer violada o asesinada acusaría de paternalismo a quien condene su violación o asesinato. 2) Vosotras también podríais ser acusadas de paternalistas por opinar sobre un tema que puede molestar y herir, por ejemplo, a una mujer víctima de trata si os escucha defender como trabajo eso que ella, a nivel individual, está sufriendo. Se preguntará quiénes sois para defender una ley que, en cuanto se promulgue, la condenará a esa situación para siempre.

«Nosotras no os acusamos del uso que hacéis de vuestros cuerpos (…). Nosotras no le quitamos valor a vuestras estrategias o a vuestras relaciones. Nosotras no os tratamos de locas, de ignorantes ni os infantilizamos, porque esos argumentos ya los usa el machismo para quitar legitimidad a las voces de las mujeres cada día y nosotras no queremos ser cómplices de sus formas ni de sus valores».

¡Ah! ¿No? Entonces, ¿qué es aludir a nuestra vida sexual y juzgarla de mojigata en cuanto sabéis que somos abolicionistas? Antaño, cuando una mujer presentaba una teoría filosófica o inventaba algo en la sociedad machista se decía que deliraba («sois absurdas») y que «necesita una buena polla» (o lo que es lo mismo: «sois puritanas»). Se ignoraba lo que decía, por loca e ignorante («sois absurdas»), y nadie se molestaba ni en responderle (vuestro silencio ante nuestros argumentos). Y, para menospreciar su inteligencia y capacidad crítica, se la rebajaba a un objeto sexual o se juzgaba su vida sexual («sois puritanas»), y se concluía que lo que decía era fruto de estar reprimida («necesita una buena polla», «demonizáis la prostitución desde vuestra moral»). Por lo tanto, sí nos acusáis del uso que hacemos de nuestros cuerpos («sois puritanas»), sí nos infantilizáis (nunca respondéis a nuestro análisis del putero, «sois absurdas»), sí usáis los mismos argumentos que el machismo («sois puritanas») y sí nos quitáis legitimidad por tener una opinión diferente a la vuestra («sois paternalistas», «sois absurdas»).

«(…) Nosotras no idealizamos la prostitución, no hace falta, pero tampoco la demonizamos desde vuestra moral».

Rebajáis el análisis abolicionista a una mera cuestión de moralidad. A la explicación: «La prostitución es consecuencia directa de la pobreza» respondéis: «No demonices la prostitución desde tu moral». Si digo: «Los puteros quieren hacer con una puta lo que llevan viendo en la pornografía desde los quince años. Se advierte de las consecuencias de esas imágenes que cosifican a las mujeres. Entre los adolescentes, la violencia de género está naturalizándose de forma alarmante», ¿también me responderíais: «¡¡Vete a otra parte con tu puritana moral!!»?

Si os enseñase estudios que muestran los problemas psicológicos de los puteros, ¿también hablaríais de mis argumentos mojigatos? ¿Soy puritana y lo que hago, investigo y digo es fruto de mi sexualidad reprimida y no de mi capacidad como mujer y sujeto autónomo de informarme, criticar y razonar?

Si las putas quieren tener derechos pueden hacerse autónomas. ¿Por qué entonces defendéis legalizar o regular? ¿No sabéis que, cuando la prostitución es un trabajo como cualquier otro, a cualquier mujer la pueden llamar de un puticlub para trabajar si ella está en el paro? Cuando defendéis la prostitución estáis decidiendo por todas las mujeres del Estado. Si la defendéis para vosotras, trabajad para que mejoren las condiciones de cualquier persona autónoma, marco donde YA podéis ser putas, cotizar, etc.

«También demuestra el desconocimiento, la distancia, la banalización y la utilización morbosa que estáis haciendo de cuestiones gravísimas como es la vulneración de los Derechos Humanos de las mujeres y de las niñas».

No os voy a pedir que justifiquéis esa gravísima acusación porque no os dará la vida para encontrar un solo argumento. Precisamente las mujeres y las niñas ven violados sus derechos porque existe la prostitución. ¿Eliminar un problema de raíz queriendo abolirlo es desconocer, banalizar y hacer uso morboso del propio problema? Trabajaos mejor vuestros argumentos. Cuando se habla de prostitución infantil, ¿seguís sin mencionar a los puteros? Una mafia secuestra niñas porque un putero las compra. Si la trata es para vosotras/os tan grave, ¿cómo pretendéis erradicarla sin penalizar al putero, responsable de ella?

«Os invitamos a repensar vuestro lugar de poder, a cuestionarlo para construir un debate feminista y anticapitalista sobre el trabajo sexual y por supuesto también sobre la trata, sobre las maneras de garantizar derechos, de evitar la criminalización, de combatir el estigma social y la discriminación. Os invitamos a intentar hacer de las prácticas feministas un cotidiano desde el que relacionarnos y argumentar».

Gracias por la sugerencia. Es algo que ya he hecho, por eso soy abolicionista. Os respondo con las ideas que me ha suscitado esta carta y con las correcciones que necesitáis para entablar un debate serio, sin banalidades o desconocimiento del abolicionismo. Para terminar, también os hago varias invitaciones:

1) Repensar que no tenemos ningún lugar de poder, somos mujeres que sufren o han sufrido la prostitución. Dejad, más bien, el que sí tenéis vosotras como putas a las que les va muy bien. La prostitución es como el capitalismo: una minoría es feliz (y cobra 100 euros la hora) porque es sustentada por una mayoría pobre y oprimida. Hay muchos caminos para empoderarse, elegir el que contribuye al machismo y a la miseria de las mujeres no es un camino para el empoderamiento, sino para la perpetuación de la opresión.

2) Entender que no es posible que el feminismo se sostenga sobre el machismo. Sólo un putero, enfermo de machismo por definición, haría posible la prostitución, si él no compra, ¿a quién se vende la puta? Si el feminismo sabe que el hombre no es un animal irracional, ¿dónde veis la ausencia de feminismo en el abolicionismo? ¿En qué punto creéis feminista la prostitución?

3) Tener en cuenta los problemas afectivos y sexuales de los hombres. Supongo que es ahora cuando nos llamaréis «puritanas/os» por defender las relaciones recíprocas y la reivindicación feminista del derecho al placer de la mujer. Durante la historia los hombres, como esposos y/o puteros, usaban el cuerpo de ella para obtener placer, ¿qué sentido tiene defender la prostitución para que un hombre siga usando su cuerpo para obtener placer?

4) Debatir con las putas abolicionistas lo «paternalistas» que son las personas que quieren abolir tras haberlas escucharlas, empatizado con ellas y ayudado. ¡Ayudarlas y empatizar! ¡Qué paternalismo! ¡Qué poco responde su actitud a esa palabra llamada «sororidad»! Si defender una idea por entender que es el camino para asegurar los derechos de una mujer es ser paternalistas, lo estamos siendo tanto el abolicionismo, como vosotras/os.

5) Reflexionar sobre lo absurdo de «cuestionarlo para construir un debate feminista». Yo podría deciros lo mismo. ¿Por qué he de renunciar a mis ideas respaldadas con sólidos argumentos? Entendemos lo que pensáis, pero lo consideramos incompleto. Un debate existe porque hay puntos de vista diferentes, de no ser así, es una simple conversación. Decid directamente: «Renunciad a lo que pensáis, que sólo importa nuestra postura», pero eso sería renegar de la capacidad de construir alianzas y relaciones de igualdad, a través de calumnias y violencia. Si queréis construir alianzas debatid con argumentos feministas, no con ideas machistas o despreciando nuestro análisis sin alegar nada serio.

6) Comprender que por ser anticapitalistas defendemos el abolicionismo. ¿Qué hay más capitalista que defender la comercialización de todo, incluido lo humano?

7) Estudiar el éxito de nuestra propuesta abolicionista y sus soluciones.

8) Aceptar que nuestra postura se basa justamente en nuestra coherencia. Aplicamos a la prostitución las prácticas feministas, hacemos de ellas un cotidiano desde el que relacionarnos y argumentar, y por eso somos abolicionistas.