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jueves, 2 de junio de 2016

«Sin la prostitución los hombres violarían»


 Carta de una puta a un putero, Hegele Recíen

Aceptar la prostitución para que los hombres no violéis a las mujeres quiere decir que vosotros sois seres irracionales dominados por vuestro pene. Es curioso que todas las personas hayamos sido socializadas para controlar nuestros instintos (como el hambre) y poder convivir con otros seres humanos sin dañarlos y, sin embargo, vosotros sigáis siendo incapaces de dominaros, teniendo incluso que sacrificar personas para que os desahoguéis sobre ellas e impongáis vuestra voluntad sobre la suya.
La sociedad teme que vuestra supuesta incapacidad de controlaros os lleve a violar a una mujer, entonces decide inventar la prostitución, para que hagáis con las putas eso que no quiere que hagáis con todas las mujeres. Y ese hecho, ese sacrificio de mujeres, pasa a denominarse «mal menor». ¡Un mal menor cuando millones de mujeres y niñas son prostituidas! ¿Cómo va a ser un mal menor si se trata de millones, ¡millones!, de personas? Ni siquiera tratándose de dos mujeres o de dos niñas sería justo. ¿Por qué, si sois incapaces de controlaros hay que crear la figura de una sierva? Si una persona es incapaz de dominar su agresividad y asesina a alguien, en seguida se censura y condena, ¿por qué entonces a un putero, movido por instintos tan animales y primitivos, no sólo no se os cuestiona, sino que se os da un cuerpo sobre el que atentar? Es lo mismo que sucede con los violadores y feminicidas, abusan de todas las mujeres que quieren porque, en su sociedad machista, nadie va a cuestionar su actitud ni, mucho menos, va a hablar sobre los derechos de la mujer a una vida segura y libre.
La sociedad da por normal que, si los puteros no tenéis mujeres para comprar y «desahogaros», las vayáis a buscar donde sea para violarlas y hacer todo lo que no se os permite hacer con las putas. ¿Te imaginas a alguien diciendo que va a agredir a una persona negra si no sacrifican a unas cuantas para que las pueda golpear? ¿Te imaginas que una sociedad inventase como trabajo propio de las personas negras el que una blanca las golpease, para así evitar que no lo hiciese con el resto? Semejante criminal incivilizado sería cuestionado de inmediato, pero como se trata de un hombre machista no se hace nada.
Estás dando por hecho que tú, por ser hombre, eres una bestia, ¿pero qué clase de hombre puede decir eso de sí mismo? ¿Dónde están los demás hombres que deberían sentirse ofendidos al escuchar hablar así de los de su propio sexo? Y hasta te atreves a dar ese ultimátum: «o me dejáis tener putas o violaré mujeres; o sacrificáis a algunas para que sean prostituidas y me corra sobre ellas o lo haré igualmente, pero con todas las mujeres que me encuentre». ¿Cómo es posible que se tenga como algo normal que un hombre necesite copular como una bestia, incluso dañando a otros seres humanos e imponiendo esa necesidad? ¿Por qué nunca se ve cierta anormalidad en tu carácter animalizado?
Llegas incluso a justificarte diciendo que tú tienes unas necesidades sexuales mayores a las de las mujeres. Paradójicamente, esa afirmación te condena, porque estás aceptando que, aunque las mujeres no deseen tener sexo tan a menudo, lo van a tener igual sólo porque tú sí deseas tenerlo. Sí dijeses: «Me masturbo más que la mujer porque tengo más deseo sexual que ella», pues no cometerías ningún delito, pero si dices: «Quiero putas o violo porque tengo más deseo sexual que las mujeres», estás imponiendo tu voluntad y deseos, como los únicos válidos y que deben respetarse, incluso sobre otras personas. Si tus necesidades las satisfaces con y en tu propio cuerpo (con la masturbación, por ejemplo) no dañas a nadie, pero si necesitas a las mujeres para eso, estás imponiendo tus deseos sobre los de ellas, ya que estás utilizando un cuerpo ajeno a ti para satisfacerte, sin que esa persona quiera ni lo necesite tanto como, supuestamente, lo necesitas tú, y eso se llama violación. Queda claro, pues, que la prostitución es una violación, es imponer a las mujeres relaciones que no desean, es subordinarlas y ponerlas a tu disposición.
Se consiente entonces que los puteros abuséis «sólo» de algunas mujeres (o abusáis de algunas o abusáis de todas) y se crea una forma de violar «sólo» a algunas mujeres para que no violéis a todas, se inventa un «oficio» que consiste en que le hagan a algunas lo que no se quiere que se les haga a todas. Para ello, se parte de que algunas mujeres pueden ser sacrificadas, de que no todas tienen que respetarse, y se divide a las mujeres en las que no merecen ser violadas (las decentes) y las que sí (las indecentes), siendo estas últimas las usables, las violables, las que valen tan poco que pueden ser sacrificadas para que tú las uses y dañes a tu antojo. Es por eso que cuando una puta es asesinada se niega que eso sea violencia de género y a nadie le importa ese asesinato. Las putas son mujeres, como todas, sólo que sobre ella, ¡aún por encima!, recae el estigma que tú le pones cuando decides que alguien tiene que servirte sexualmente.
Esa desprecio hacia las putas queda claro: «Sin putas los hombres violarían mujeres», como si las putas no fuesen mujeres. ¿Cómo se las va a proteger si las que se van a tener que prostituir son también mujeres? ¿A quién entonces se quiere defender? Dentro de esa «categoría» de mujeres, la sociedad cree que hay algunas que son «menos mujeres» y cuya suerte poco importa.
¿Y qué criterio se va a seguir a la hora de elegir cuáles serán putas? ¡Oh, claro! Pues el que se está siguiendo ahora: se legaliza o regula la prostitución para que se convierta en un «trabajo como cualquier otro». Entonces, las mujeres prostituidas no pueden salir de ese mundo, porque, si es un trabajo, nadie les va a facilitar ninguna salida, así como nadie se las facilitaría a una profesora para que dejase el mundo de la educación, es absurdo, si ya tiene derechos, salario y protección, ¿para qué iba a querer dejar ese mundo? Y si nadie les facilita una salida a las putas, ellas no pueden, pues recordemos que un 90%, por lo menos, son víctimas de trata y otras muchas son personas sin recursos para poder formarse y trabajar.

Por lo tanto, las putas seguirán siendo aquellas secuestradas por mafias, lo cual implica que tú has elegido cuáles van a ser las sacrificadas por la sociedad, ya que, si esas mujeres y niñas fueron secuestradas, fue precisamente porque a los puteros os gustan unas determinadas mujeres, es decir, pertenecientes a ciertos países, con ciertos rasgos físicos y determinadas edades. También estarían condenadas a la prostitución las mujeres pobres o inmigrantes. Y, con lo que gusta tener el control y obtener placer gracias a la convicción de que eres superior, imagina la situación: tú eres superior porque eres hombre, porque no te han sacrificado, porque no te han secuestrado, porque no eres inmigrante, porque eres el que exige y porque tienes el dinero. Así que, además de conseguir que la sociedad sacrifique mujeres para tu satisfacción, eres tú quien elige quiénes van a ser, de dónde y de qué edad.


miércoles, 1 de junio de 2016

«La prostitución es más digna que limpiar váteres»


«Carta de una puta a un putero», Hegele Recíen.

Según tú, la prostitución es mejor que otros oficios como limpiar váteres. Yo, desde luego, no sé cómo tú limpias o has visto limpiar el váter, pero suele hacerse con guantes. Y, precisamente, si la prostitución fuese un trabajo, se utilizarían guantes, así como los utiliza cualquiera que esté en contacto con otro cuerpo humano o con algo (como la comida) que vaya a destinarse a otra persona. En los trabajos hay unas medidas higiénicas (para la persona trabajadora y la clientela) que hay que respetar, por lo que las putas tendrían que llevar (al igual que una médica, una cirujana o una cocinera) guantes, mascarilla, ropa adecuada, etc. Si de verdad fuese un trabajo como cualquier otro, tendrían que ir protegidas, no sólo por fuera (guantes, mascarilla, ropa adecuada), sino también por dentro, para proteger su boca, su ano y su vagina.
A pesar de haberse establecido esas medidas para proteger la salud de las personas, para ti, limpiar váteres con guantes y productos sigue siendo algo denigrante, sucio e indigno. No opinas lo mismo, sin embargo, de tener que hacerte una felación, aguantar que me introduzcas objetos por la vagina o arriesgarme a contagiarme de tus enfermedades. Es mejor que tú me obligues a tragar tu semen y me orines encima que el hecho de trabajar limpiando váteres. Es mejor tener que tocar directamente con mis manos tu pene o tragar y chupar todo lo que me ordenas, a tener que «tocar» indirectamente con escobillas y guantes un retrete, que ni siquiera son las heces en sí, no como en el caso de tu semen u orina. Y digo yo que, si tan repugnante te parece limpiar un váter por poder contener heces, y sobre todo heces de otra persona, ¿cuándo quieres defecar encima de mí no estamos hablando también de tocar heces ajenas? O incluso cuando quieres tener un contacto sexual conmigo, ¿no se trata también de estar en contacto con fluidos y cuerpos de cientos de hombres distintos y desconocidos?
Te produce asco saber que dentro de un inodoro está lo que la gente expulsa de su cuerpo, ¿no es también tu semen, tu orina, tu saliva y tus heces lo que tú expulsas de tu cuerpo? Las putas no podemos ser comparadas a las limpiadoras, porque ellas no tienen que introducirse las heces del retrete en su vagina ni tienen que tragar la orina o el semen, porque ellas no están expuestas sin protección a nada de eso. Más bien compáranos con el inodoro, porque es el que recoge los fluidos y excrementos de quien lo usa y al que nadie protege, ni en su interior ni en su exterior con guantes o mascarillas. Nosotras, al igual que el váter, estamos en contacto directo con cuerpos y fluidos extraños y los recibimos en nuestras entrañas mismas.
Limpiar es mucho más higiénico que ser puta, las putas “hacen su trabajo” con la boca, con su vagina y con su ano. Dime en cuántos trabajos las personas tienen que hacer eso, dime en cuántos trabajos las personas han de introducir dentro de su cuerpo objetos, fluídos u otros cuerpos.

jueves, 26 de mayo de 2016

¿Y si el cliente fuese nuestro padre o hijo?


Si la prostitución es un trabajo como cualquier otro digo yo que no habrá diferencias entre una abogada y una puta a la hora de atender a un cliente, ¿no? Cuando un padre necesite a alguien que lo asesore en algún asunto legal, acudirá perfectamente al bufet de su hija. Cuando un padre «necesite» una felación, acudirá perfectamente al burdel de su hija. Hasta diría más: cuando el padre necesite a alguien que lo asesore en algún asunto legal familiar, acudirá perfectamente al bufet de su hija con su esposa, su otro hijo, su cuñada, su primo, su padre, su hermano, su tía, su sobrino, con el fin de que todos/as opinen y participen. Cuando el padre «necesite» a alguien que le haga una felación o a alguien para completar una orgía, acudirá perfectamente al burdel de su hija con su esposa, su otro hijo, su cuñada, su primo, su padre, su hermano, su tía, su sobrino, con el fin de que todos/as opinen y participen.

En los trabajos no se diferencia entre la clientela. Una abogada podrá sentirse hasta más motivada en un juicio si su cliente es su propio padre. Una puta entonces, se deduce, que también se sentirá así cuando su padre o su abuelo requieran sus servicios. Es hasta un modo de agradecerle y mostrarle a su padre todo lo que ella ha aprendido con el dinero que él invirtió en su educación; es hasta un modo de que él se sienta orgulloso de todo lo que sabe su hija y de qué bien desempeña esa labor para la que ha estudiado. Porque si es un trabajo como cualquier otro, cuanta más cercanía tenga el cliente con la trabajadora más agradable y motivador será atenderle, así como sucede con la cajera de un supermercado, que hasta sonreirá a su padre cuando entre por la puerta del establecimiento. A veces él incluso irá sólo por ver trabajar a su hija, así como un padre putero podrá ir a ver qué bien se mueve en el espacio de trabajo del puticlub su hija puta.

En los trabajos normales, insisto, no se hacen distinciones ni se descartan clientes, mucho menos si pertenecen a la propia familia, ya que atenderles sería una forma de demostrar profesionalidad, por tratarlos como cualquier otro cliente, y no de una forma especial, así como tendría que hacer una profesora con su hijo en el aula, porque no olvidemos que una puta también tendría que atender a su hijo putero.

Además, si la prostitución es, como se escucha a veces decir, un servicio a la comunidad, con más razón habrá que atender a los hombres de la propia familia. Una médica atiende a su hijo, a su padre o a su abuelo, con gran dedicación porque curar es un servicio a la sociedad y, a nivel personal, ella estará muy interesada en mejorar la salud de los hombres que quiere, incluso confiará más en sí misma que en cualquier otra médica o médico. Del mismo modo, una puta tendría que atender con mucha dedicación a su hijo, a su padre y a su abuelo, porque cuando van a un puticlub «necesitan» sexo, así como un enfermo necesita de la medicina, entonces la puta mucho más interesada estará en satisfacer a los hombres de su familia, porque de ese servicio «tan necesario» depende, supuestamente, la salud de ellos. Además, confiará más en ella misma que en otra puta para realizarles esos servicios. ¿Qué mejor que una misma para atender a los hombres que queremos?

Incluso si el puticlub en el que trabaja una mujer o del que ella es dueña estuviese pasando por un mal momento, el padre iría a colaborar, como también acudiría al supermercado de la cajera si ella, o la dueña, fuesen su hija. ¡Toda la familia iría a ese supermercado o puticlub para ayudar a que no cerrase! ¡No hay nada como ayudar al/a pequeño/a empresario/a y al comercio local, sobre todo si se trata de alguien de la familia!